Agrandar imagen Práctica, formación y creatividad constante, a la hora de ser un profesional.
Práctica, formación y creatividad constante, a la hora de ser un profesional.
En el país, el día del barman se conmemora todos los 15 de abril. Se tomó esa fecha en 1941, cuando un grupo de bartenders, reunidos en una cena para apoyar a la revista El Barman Magazine, fundó la Asociación Mundial de Barmen y Afines (AMBA), primera en América y segunda en el mundo.

Nuestro exponente más destacado a nivel regional es un hombre rosarino (por nacimiento) y concordiense (por cosas del amor), que dialogó con Diario Río Uruguay, repasando sus orígenes, su formación, su actualidad e incluso su visión acerca del inseparable rol de “psicólogo” que debe desarrollar en su actividad, mientras hace de alquimista entre botellas, vasos y piedras de hielo.
Los comienzos
Su vínculo con las bebidas espirituosas comenzó tardíamente, a los “40 años más o menos”, recordó Rodríguez. “Yo empecé a trabajar en la firma Peters e iba a los boliches, y los dueños me hablaban sobre tragos y yo no entendía nada, lo cual era un contrasentido: entonces empecé a estudiar algo de coctelería”.

Ahí se despertó una pasión. “Una vez que vos descubrís ese mundo es algo totalmente nuevo, distinto y la verdad que es hermoso”, valora hoy – a la distancia – el bartender. En ese sentido, lo comparó con el arte de cocinar, explicando que “para destacarte, tenés que tener amor: en la coctelería es lo mismo”.

“Nosotros somos mixólogos (lo que se llamaba antes) fuimos mezcladores de bebidas, y en cada uno de los tragos uno pone un poquito de su ser”, enfatizó. Ya que, crear un trago, “no es solamente mezclar bebidas dentro de un contenedor, sino que es ponerle algo de tu impronta, algo de tu alma”.

Según su visión, lo difícil de la creación y la innovación es “tener definido para quién va a ir dirigido ese trago o para qué lo creaste”. Además, elegir “qué le querés poner dentro o cuantos sabores le vas a poner para que quede con el sabor que deseas”.
Formación
Rodríguez recordó que su aprendizaje formal lo realizó en lo que “se llamaba la Universidad del Cóctel”, una escuela “que ya no existe más”. Uno de sus docentes, “se llamaba Fabián pero no me acuerdo el apellido”.

“Después hice otro curso más con Adrián “Champy” Cabral, que es un barman muy reconocido en la Argentina, en una de las escuelas más importantes de Buenos Aires que se llama el Club del Barman”, detalló.

Para el bartender, “Champy fue el que me confirió la pasión por la coctelería y fue la persona que me incentivo a participar en torneos”. Gracias a ese empuje, tuvo la oportunidad de participar de un curso internacional, “que fue en Perú, que se hace una vez por año y una vez por continente”. Con mucho orgullo, Rodríguez contó que “en Argentina somos tres los que tenemos el águila que era para los mejores promedios: yo soy uno de ellos, y los otros dos, son chicos de Buenos Aires”.
Práctica, conocimiento e innovación
La actividad es “un descubrir todos los días”, expresó el barman. Subrayando que “todos los días hay tendencias nuevas, todos los días hay gente que desarrolla una técnica, todos los días hay nuevos bartenders y tendencias en las coctelerías”.

Esa misma innovación impone actualizar conocimientos y potenciar la creatividad. En áreas tales como la coctelería gourmet, por ejemplo, que “acá tenemos referentes muy importantes como es el “Negro” Santos, Tato Giovannoni que fueron uno de los referentes muy fuertes en su época y fueron uno de los que incorporaron en la cocteleria la parte de la cocina”, detalló Rodríguez.

Que sirva de ejemplo - en el caso de Giovannoli – que “para hacer un Bloody Mary hizo tomates asados, le sacó la pulpa de tomate y con el jugo construyó el trago”, especificó.

Al respecto, el barman rosarino-concordiense recordó que en todos estos años de trabajo – si bien venía con un conocimiento exhaustivo de las bebidas – “el hecho de haber recorrido América, con todas las bebidas, de todos los países, me llevó aún más a profundizar en cada una de las que nosotros usamos”.

Es así que “tenés que saber de dónde provienen, su graduación alcohólica, cuál es su país de origen: un montón de cosas que - al momento de mezclar - lo tenés que tener muy en cuenta”, expresó.

Con 15 años de profesión a cuestas, Rodríguez destacó que “la gente escucha” los conocimientos adquiridos. “Yo les explico los aromas, las texturas y eso; y a la gente le encanta, es decir les encanta aprender”, comentó.

Además, Argentina está muy bien catalogada, a nivel Sud América, en el tema. Por lo que “la mayoría de los barman da charlas afuera del país”, aseveró.
También la psicología
Por último, uno de las características quizás no buscadas pero sí encontradas en la actividad es oficiar de “psicólogo”, al borde de una barra, trago mediante, en la complicidad que brinda el mix entre las horas nocturnas y los humores del alcohol.

“Es importantísimo: lo más importante es cerrar la boca”, ilustró Rodríguez. Aclarando que “el barman escucha y nada más”.

“Las personas que están un poquitito pasadas de alcohol empiezan a soltar la lengua” y en ese punto, “la discreción es un punto muy importante en la profesión”, argumentó.

Según su parecer, “es el pilar en cuanto a los clientes, es como un confesionario”, no solamente por las penas, “sino que porque la gente cuando toma un poco de alcohol se distiende y te comenta muchas cosas”.

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