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Hay una expectativa grande en el club Salto Grande de Concordia. No es para menos. Dos jugadores que hicieron infantiles en la institución tienen destino de venta importante al exterior en un futuro inmediato: Lucas Robertone y Marcos Senesi. Un porcentaje del pase por el derecho de formación le pertenece a la entidad entrerriana.

Hasta ahora, la mayor cifra recibida por el club fue por Leonardo Godoy, cuando Atlético de Rafaela se lo vendió a Talleres de Córdoba. Pero los posibles ingresos son superlativos para Salto Grande.

"De Robertone tenemos una parte por derechos federativos, además de los de formación que establece la FIFA, En el caso de Senesi, en el sentido de los derechos federativos, aún no está resuelto", le dice Ernesto Passini, presidente de Salto Grande, a Clarín. Y asegura: "Cualquier venta al exterior soluciona muchos problemas económicos, más para un club del Interior".

No se puede hablar de una entidad humilde, porque tiene una actividad social muy fuerte, con una importante masa societaria. Pero aquel proyecto que comenzó hace más de una década, ahora además tiene otro fruto: el económico.
Sin embargo, Passini reconoce que no se viven días fáciles. "Tenemos 1.100 socios aproximadamente, con una morosidad importante por la crisis económica. El club posee un puerto internacional y 15 actividades deportivas. Los servicios de luz y gas nos están acorralando (casi 150 mil pesos cada uno). No queremos usar lo que podamos recibir por las ventas para pagar las cuentas de luz y gas, sino para infraestructura".

Y agrega: "Los clubes sociales hacemos el trabajo que no hace el Estado. Es importante para nosotros que se aplique la Ley Federal del Deporte; necesitamos un paraguas que nos proteja".

Seis jugadores de la última temporada de la Superliga pasaron por las divisiones formativas de este club concordiense, como nunca antes había sucedido: además de Senesi (San Lorenzo), Robertone (Vélez) y Godoy (Talleres), Agustín y Erik Ramírez y Germán Guiffrey (Gimnasia).
El dato sorprende a extraños, pero no a Sebastián Garber, coordinador general del fútbol del club. “Es un proyecto que comenzó en 2006 de la mano de Lucas Marcogiuseppe. Con él llegamos cuatro profes. Después Lucas se fue a trabajar con Marcelo Bielsa y en el último tiempo fue ayudante de Leonardo Madelón. De aquel grupo, el único que quedó fui yo”, le cuenta Garber desde Concordia a Clarín.

Este presente no es casualidad. Senesi, Robertone y Guiffrey son categoría 1997 y jugaron juntos en las infantiles. Senesi, por caso, era arquero. Garber reconoce que el defensor de San Lorenzo creció después de emigrar. “Creo que de todos, era el que menos proyección tenía. Todo su crecimiento se debe a lo que aprendió en las Inferiores de San Lorenzo”, explica.

El vínculo con Gimnasia La Plata es Víctor Bernay, preparador físico nacido en Concordia y que estuvo varios años en el Lobo y recientemente asumió como secretario de Deportes de la Municipalidad de la ciudad entrerriana.

También Vélez tiene un acuerdo con Salto Grande. Hace 10 años hicieron una prueba y eligieron a Robertone. Desde entonces, todos los años, el equipo de Liniers hace pruebas cerradas y alimenta sus inferiores. “También hay otros jugadores en Racing y en Gimnasia”, reconoce Garber. Junto con Bernay está trabajando también Andrés Guglielminpietro, ambos vinculados ahora a Cerro Porteño de Paraguay.

Concordia es la segunda ciudad más pobre de la Argentina, según publicó el Indec en septiembre de 2017. ¿La gran cantidad de jugadores de Concordia en el fútbol de Primera se podrá relacionar con altos niveles de pobreza, esos que alimentan tantos potreros ausentes en las grandes ciudades? Para Garber, la respuesta no es tan lineal.

“Éste es un club muy social, de clase media, en el que todos los jugadores pagan su cuota social. Hay becas también y justamente los pibes con proyección, como los Ramírez, por caso, estaban becados porque no podían pagar la cuota. Eran chicos de barrio, hijos de trabajadores, que, como a muchos, no les sobra nada”, explica el coordinador de fútbol.


El proyecto da frutos. Sin embargo, Salto Grande no tiene proyección nacional y juega en la Segunda División de la liga de Concordia. “Así como muchos de los chicos que mayores expectativas generan se van entre los 12 y los 14 años a jugar a clubes de Primera, también tenemos mucha deserción entre los de 18 y 19 años, porque se van a estudiar a Buenos Aires o a Rosario. Juegan un año en la Primera de acá y después se van. Por eso lo bueno de la base no se nota en la división mayor. Claro que nos gustaría volver a jugar en Primera o al Torneo del Interior, y tener proyección nacional, pero todavía falta”, remarca Garber.

El proyecto incluye un estilo de juego. Según Garber, en todas las categorías, de infantiles a Primera, se inculca el juego asociado, la salida prolija desde el fondo, la profundización de los laterales. Y también la pertenencia al lugar.

“Una de las cosas más lindas es cuando los chicos vuelven a club. Están de vacaciones, vienen a Concordia y aprovechan para pasar a saludar a los pibes y a los profes, e incluso muchos se entrenan. Eso es una gran satisfacción”.

A Passini le queda el cierre: "Estamos muy contentos con este proyecto. Es la primera camada que sale desde que comenzó esta idea hace más de una década. Y vamos a continuar por este camino".
Fuente: Clarín

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