¿Tienen dueño los votos?



¿Y qué hace ahora el peronismo, que sacó el 70% de los votos pero que gran parte de ese 70% se los dio un candidato que no se quiere identificar con las estructuras tradicionales de ese peronismo?



Enrique Cresto sabía que Eduardo Asueta estaba cerca y por eso, en la campaña, fue a la conquista del segmento “asuetista”. Lo entendió y lo hizo desde la estética y el contenido: el lema “Cambiar es crecer” fue la muestra más clara de la búsqueda discursiva de ese segmento; los colores verde y azul en su cartelería de calle - los mismos que la Nueva Concordia de Asueta- fueron la confirmación de la interpelación a los no convencidos; y el mensaje claro, la literalidad de la apuesta, fue la conformación de una lista de concejales que más parecía de Asueta que de Cresto.



Pero esa aproximación no le alcanzó. Los dieciocho mil votos de Asueta fueron en espejo los dieciocho mil de Roberto Niez.



¿Cómo se comportará ese electorado en las generales del 9 de junio?



Si Niez logra captarlos, Cresto podría estar en problemas. En la interna del peronismo, el intendente cosechó casi veintiséis mil votos, diez mil menos que los dos opositores juntos.



El dilema, dicen los peronistas, es que Asueta no debería ser opositor. El dilema, dicen los que lo votaron, es que lo votaron porque fue oposición.



Todas las miradas están puestas ahora en un precandidato que a pesar de haber sido el segundo más votado, quedó afuera: el fundador de Nueva Concordia transita sus horas más complejas porque deberá decidir si se pronuncia o no acompañando a Cresto.



Que llame a votar a Niez sería la cristalización de la duda que instalan los de pura cepa: que Asueta no es peronista, y que la estructura que lo acompañó, tampoco.



Que en la previa a las PASO se haya dedicado más a hablar de Cresto que de Niez fue una apuesta que le redituó en votos. Y ahora recoge los dados el propio candidato de Cambiemos.



Sería de necios pensar que los dieciocho mil votos de Asueta, que hizo campaña fustigando a Cresto, irán por osmosis al candidato oficialista. Pero pensar que irán a Niez es una contradicción en sí misma: la derrota de Cambiemos en toda la provincia fue un mensaje claro de pedido de auxilio, aunque el odio de ciertos sectores jamás verá esto como una opción.



Así las cosas, la paleta de colores para el 9 de junio está abierta en su máxima expresión: celestes, verdes, o amarillos, los votos pueden terminar tiñéndose del tono más peligroso de todos, el blanco. -

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