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Como toda manifestación artística que aumenta en su demanda, quedó en evidencia que se necesitaba responder al número mayoritario de personas que pretender llevar un mensaje a flor de piel.

Concordia no es la excepción, según confirman desde la filial local del Instituto Argentino de Peluquería y Belleza (IAP), precisando que el curso de tatuador el que más adeptos sumó de todos los que se dictan en la sede calle Entre Ríos 924.
A cargo del dictado de este curso está Mauro Ortiz, quien afirma que “no hay edad para aprender el arte del tatuaje, mientras la persona ya esté en condiciones de tomar un lápiz y una hoja de papel”, ya que “lo principal es saber y que te guste dibujar”.
Para reforzar este concepto, ejemplifica que, entre su alumnado, “hay chicas que tienen 15 años, que ya cuentan con sus máquinas y están practicando”. Incluso hay gente que se recibió con 14 años y ya están trabajando en esto”.

El instructor admite que sorprende la cantidad de gente interesada en aprender el oficio, incluso por encima de cursos como peluquería y belleza en general. El interés por aprender es tal, “que hay otros siete alumnos que están a la espera que arranque otro curso”.

Consultado sobre la primera inversión que se debe hacer para contar con un taller propio, Mauro señala que “para poder arrancar se debe comprar lo básico, por lo que estamos hablando de una máquina valuada en unos 30.000 pesos”. Citando su caso puntual, recordó que compró su primer equipo y lo fue mejorando mientras fue instruyéndose a fuerza de seminarios y cursos.

En lo que respecta al curso que dicta en el IAP, arranca primeramente con teoría y con dibujo de estilo libre. Para luego pasar a la bibliografía de la propia academia, que en su primera parte “muestra todo lo que es la historia del tatuaje, desde la época griega”.

Para recién luego pasar a la práctica propiamente dicha, arrancando con frutas y verduras como lienzos, “simulando así la piel humana. Esto permite “adquirir experiencia”, subrayando que “siempre se hace todo con las medidas de seguridad: como guantes, esterilización e higiene, como si efectivamente se estuviera trabajando sobre una persona”.
El siguiente paso “es el trabajo sobre piel sintética, que viene especialmente para ensayar tatuajes” y en lo que tienen que ver con la práctica es “el último paso para calificarlos”.

Para finalizar, Mauro Ortiz apunta que la duración del curso es de tres horas por día de dictado, en una etapa de instrucción que se puede extender entre tres o cuatro meses, “dependiendo de la capacidad de aprendizaje y de la aprobación que le demos”, concluyó.

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