Para cada 7 de junio, a los que ejercemos el oficio más viejo del mundo (hablaba de periodismo, aunque para algunos son sinónimos) nos invade la obligación decorosa de escribir -o decir- algo que disimule nuestra pretenciosa ilustración. Por más que en algunos casos (como el que suscribe) el nivel de formación no pase de la categoría de garabato.

Con ese planteo, me parece que para quienes buscamos, investigamos, editamos, seleccionamos y comercializamos noticias (perdón a los puristas), debería ser motivo de alegría que en los últimos años haya crecido la mirada crítica hacia el trabajo periodístico.

La ironía del fantástico humorista norteamericano Groucho Marx le llevó a decir: “¿A quién va usted a creer?, ¿a mí, o a sus propios ojos?” y durante muchísimo tiempo, esa máxima sintetizaba el halo inmaculado que blindaba de cualquier cuestionamiento a lo que decían medios y periodistas.

Hoy está fuera de discusión que un periodista no es sólo un holgazán que trabaja por “periodos”, también es un ser humano cruzado y marcado posición ideológica, creencias religiosas, por convicciones éticas (o la ausencia de ellas), estrato social, club de fútbol y todo aquello que lo hace particular. Todo eso que lo forja como persona.

Ahora bien, más allá de pretextos para justificar la mediocridad promedio (donde uno se incluye), es justo reconocer la labor de aquellos que verdaderamente llevan adelante la profesión con una línea de coherencia en el camino de la rigurosidad, eligiendo conscientemente el sendero de las dificultades para publicar aquellas noticias que los sectores de poder (político, empresarial, religioso, organizaciones delictivas) preferirían mantener en silencio. Aún a riesgo de ser descalificados, estigmatizados, desfinanciados y hasta desplazados de su lugar de trabajo.

Este escrito tiene como destinatarios especiales de esta valoración a los/las periodistas que trabajan de esa manera en la provincia de Entre Ríos.

Ahora bien, una cuota necesaria de mesura debe impedirnos caer en la hipérbole de señalar a estos días que corren como “la peor época para ejercer el periodismo independiente”, tal como afirman encumbrados periodistas capitalinos y repiten otros del interior.

Tal afirmación es una bofetada a la historia de un país donde centenares de trabajadores de prensa fueron secuestrados, torturados y asesinados. En síntesis, es muy canalla y cínico disfrazar los gajes históricos y generales de una profesión, como si fueran el apocalipsis de las libertades individuales.

Como lo más interesante de todo este palabrerío fue la cita del gran Groucho, cerramos con el parafraseo de una evaluación que el humorista hizo sobre la política, y la cual es aplicable a ciertas formas contemporáneas de informar: “El Periodismo (Marx decía la política) es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y sugerir después los remedios equivocados”.

Feliz Día a todos los periodistas. A quienes dicen serlo y especialmente a quienes lo practican.

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