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“Yo no vendo droga, no distribuyo ni tengo una organización para esas cosas”. Estas fueron las primeras palabras de una extensa declaración indagatoria de Roberto José Sterz, el condenado por la cocina de cocaína que funcionaba en un campo de la zona norte de Paraná, ahora imputado por ser el proveedor de distintos puntos de venta de drogas en la capital provincial y Concordia.

Recientemente, el juez federal de Concepción del Uruguay, Pablo Seró, dictó el procesamiento para El Ruso Sterz y otras ocho personas acusadas de integrar la banda dedicada al narcotráfico, entre quienes la mayoría se defendió y sostuvo su inocencia.

El juez consideró, en la valoración de las pruebas, “un dato que debe destacarse”, al referirse a que “habrían sido varias las oportunidades en los cuales los imputados habrían desplegado un accionar mancomunado vinculado al transporte de estupefacientes, lo cual fue advertido y documentado por personal de la Policía federal en la investigación preliminar. De ahí que no es impropio señalar que esa puesta de acuerdo o coordinación entre ellos fue prolongada en el tiempo”.

Además de dictar el procesamiento de todos los acusados por comercio de estupefacientes agravado por la participación de más de tres personas, Seró resolvió la prisión preventiva para todos, salvo Rosales, por estimar que existen riesgos procesales de fuga y entorpecimiento de la investigación.

Los argumentos no alcanzan
“Soy inocente de esas cosas que me culpa”, insistió Sterz (defendido por el abogado José Velázquez) en su declaración ante el juez, y luego explicó: “Hay unas escuchas de un tal Ruso a quien se lo confunde conmigo; esa persona es un electricista de apellido M., que va siempre a comprar elementos de electricidad a mi negocio”. También se explayó al argumentar el contenido de otras escuchas que lo incriminan, sobre personas y situaciones.

“Yo no le di nunca orden a nadie, ni vendí ni nada. La gente que iba a mi ferretería es mucha, porque es venta por mayor y menor y siempre había ofertas, e iba mucha gente y algunas personas que tenían antecedentes las conocía del penal, iban a pedir fiado, de los cuales nunca se cobraba todo”, agregó Sterz.

Por último, explicó: “En las ventas diarias estaban mis hijos. A mi celular lo usaba para hablar con su familia y para el negocio, para hablar con proveedores. Quiero aclarar que nuca vendí droga ni manejé ninguna organización ni di una orden para tales cosas, lo quiero aclarar y jurar por la vida de mis hijos”.



Pese a los argumentos y el juramento de Sterz, el juez no le creyó y valoró más las hipótesis de los investigadores de la Policía Federal que comenzaron siguiendo las pistas de kioscos de droga en Concordia y, principalmente a través de las escuchas telefónicas, llegaron a este viejo conocido del narcotráfico.

“En las presentes actuaciones se investigaba a los imputados por presumirse que desarrollaban actividades en infracción a la Ley de drogas, esto es el ocultamiento y/o almacenamiento, financiamiento, transporte, fraccionamiento y comercialización de sustancias y/o elementos relacionados”, sostuvo Seró al inicio del procesamiento, y sobre el rol de Sterz, detalló: “Sería el jefe de la organización; quien se encuentra cumpliendo libertad condicional en orden a conductas delictivas en infracción a la ley de drogas, siendo que en su lugar de trabajo se concertaban las reuniones para organizar la comercialización del material estupefaciente, como así también era quien realizaba las maniobras de pago y cobranzas de lo producido por la venta de las sustancias en dicho local comercial”.



Entre las pruebas que mencionó para fundamentar la acusación, el juez citó una conversación entre un tal Cachi y otro imputado, José Lolo Gamarra, de Concordia, en el cual éste mencionó a quien sería Sterz: “Te digo así nomás medio rapidongo; hoy estuve toda la mañana con el tío Roberto, después que terminé el reparto; y ahí adentro del penal se escuchó el nombre de tu pariente ehh; medio que ya está medio entre las pinzas, así que cuando vos puedas avisale, yo no le quise mandar mensaje de mí teléfono para que no diga que yo te digo, pero me dijo el Roberto, decile al Chanchi que ya está”.
Roles, acusaciones y descargos
En el procesamiento el juez detalló el rol que le asigna a los demás acusados.

Matías Servant “sería la mano derecha de Sterz. Habría sido quien realizaba los traslados, entregas y cobranzas del material estupefaciente y dinero producto de las ventas. Su domicilio, en calle Juan de la Cruz 224 de Paraná fue allanado (...) En la verdulería se halló sustancia pulverulenta (7,9 kilos)que se trataría de Keratina, otras dos bolsas que arrojaron un peso de 5 y 4,9 kilos, que se trataría de ácido salicílico y debajo de esas bolsas se halló otra bolsa de color blanca con sustancia que arrojó resultado positivo para cocaína”.



En su defensa, el muchacho de 31 años explicó los vínculos con otros imputados, y respecto a Sterz dijo: “El único vínculo que me une a él es que soy remisero, lo buscaba a las 7 por Pre-Egreso, que queda en frente a la Unidad Penal (de Paraná) de lunes a domingo y lo llevaba a su local comercial, y luego lo pasaba a buscar a las 14 para regrese a las 14.30, lo conocí trabajando de remisero, tenía mi auto, él me ofreció esa changa mensual porque necesitaba que sean puntuales, y acepté, no tenía problema con eso”.

Acerca de Cristian Martínez, sobrino de Gamarra y de Sterz, el juez sostuvo que “se proveería de Servant, con la anuencia de Sterz. En momentos previos al viaje que realizara Gamarra y del cual se le secuestrara material estupefaciente, fue visto arribar a un domicilio para hacer la entrega de la droga”.

“Lo secuestrado en mi domicilio, el cogollo, era para mi propio consumo. Yo consumo desde los 12 años. El dinero es proveniente del pago de la segunda parte de una indemnización de mi trabajo. La balanza la sacaron de una valija que utiliza mi mujer, que es peluquera. Ella la usa para pesar tinturas, formol, esas cosas”, dijo en su indagatoria.

El hermano de Martínez es un subcomisario de la Policía de Entre Ríos, sobre quien el juez remarcó una suspicaz conversación telefónica entre ambos. Cristian le dice a su hermano uniformado: “Te estaban solicitando allá, en el Emporio de la Electricidad (el negocio de Sterz). Me mandaron un mensaje que estaba, me mandaron un mensaje que quieren hablar con vos”.

Según el procesamiento, Luciano Mendoza Rivollier “sería el encargado de entregar el estupefaciente para que Servant y con anuencia de Sterz haga la distribución a los distintos clientes”.



El joven se defendió: “Soy inocente, en esta causa que se me metió no tengo nada que, estoy preso injustamente. No pertenezco a ninguna organización de venta de droga. Lo que sí quiero aclarar es que sí consumo, capaz por eso me vinculen con esta gente. Yo soy un laburante trabajo hace varios años con mi tío, que tiene una empresa”. Sobre Sterz, dijo que solo lo conoce por comprarle insumos de electricidad en su negocio, y a otros, como Servant, de ir a la cancha del Club Palermo. En una extensa declaración, explicó conversaciones telefónicas y los elementos que tenía en su casa.

Héctor Agustín Caccia, según Seró, “se domiciliaría en la ciudad de Concordia y realizaría venta al menudeo de material estupefaciente. Sería abastecido por Servant y se comunicarían a través de mensajes de texto en donde coordinarían los encuentros para la entrega del material estupefaciente, en Paraná”.

Cuando declaró, Caccia habló sólo del dinero que encontraron en su casa: “Se trata de un dinero que su pareja había pedido prestado en el Anses, eran 31.000 pesos, había 28.000 y mi mujer va a presentar los papeles”.



A José Ramón Gamarra lo procesaron porque “sería el encargado de trasladar el material estupefaciente desde Paraná, en donde es abastecido por Martínez, hacia Concordia, para su posterior venta. El mismo fue hallado transportando 250 gramos de al parecer cocaína, en un vehículo de transporte de pasajeros”.

Su hija, Evangelina Gamarra, “se dedicaba a la venta de estupefaciente en su domicilio, siendo que era proveída por su padre. En el procedimiento en avenida Castro 224 de Concordia, se procedió al secuestro de 19.7 gramos de al parecer cocaína entre otros elementos de interés”, se lee en el procesamiento.

En la indagatoria, la mujer cuestionó el procedimiento policial en su vivienda, y dijo: “Yo no tengo cartera, ni droga en mi casa, porque si no hubiera tenido plata; no tenía ni para comprar pañales. No revisaron la casa; solo nos sacaron los teléfonos y eso que encontraron. (...) Tengo mi nene muy enfermo de asma y no tengo ni para el tratamiento, si no tendría plata. Estaba esperando cumplir la condicional para buscar trabajo para el tratamiento”.



Sobre Santiago Santa Cruz, el juez planteó que “ostentaba el rol de vendedor de sustancia estupefaciente en Paraná y sería proveído por Martínez”. Ante la imputación, el muchacho se negó a responder preguntas pero afirmó: “Yo soy consumidor, eso que secuestraron era todo para mi consumo”.

Por último, Seró se refirió a Rodolfo Rosales, quien “sería vendedor de estupefacientes en la ciudad de Concordia y se proveía de Caccia, a través de las tareas de inteligencia se pudo establecer dicha relación”.
Fuente: Diario UNO

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